MARCELO D. FERRER

 

 


BIOGRAFÍA


Nació en la ciudad de La Plata, Capital de la Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

Es contador público y licenciado en economía; ejerce su profesión en su ciudad natal.

Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.

 

Está divorciado y tiene tres hijas: María Juliana, María Belén y María Agustina.

Vive con sus tres hijas en la granja que posee en las afueras de la ciudad de La Plata.

 

Alterna su tiempo dedicándolo a su profesión de economista,

a su actividad de servicio en Rotary International y a su pasión por las letras.

Varios de sus cuentos fueron publicados en diversos medios periodísticos de Argentina.

Es autor de poemas, reflexiones, cuentos, ensayos, prosas, etc.


Algunas de sus poesías han sido editadas en la WEB. Su primer libro se editó en septiembre de 2001,

"Poemas, historias y reflexiones". Centegraf. Con el asesoramiento de Estudio Qubbus de La Plata.

El mismo se encuentra en su segunda edición, última que autorizará su autor.

Su segundo libro fue editado en 2002, una edición limitada de Editora Nuevos Aires, Argentina

 

Es preciso resaltar su interés por las cuestiones ligadas a su país.

Su pensamiento está expresado en "Cartas a mi país", una sección consultada por opinadores y comunicadores.

 

 

" Al cumplir ocho años me obsequiaron la historia de una gaviota
llamada Juan Salvador, en pocos días leería ese pequeño libro siete veces
y lo volvería hacer de tanto en tanto -hasta hoy-
para revitalizar aquel primer acercamiento a la literatura
y la convicción de que existe un alma cuando las personas ejercitan su sensibilidad y sueñan con modelarse a sí mismas y a las cosas."

MARCELO D. FERRER

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POEMAS

 

Septiembre, azahares y planetas

 

Te empuño como a un ramo de fresias

y te dispones libre, acompañarme.

Cómplice el sol entre las estrellas,

se exhuma para iluminarte.

Y te ríes en catarsis,

y mientes indiferencia...

al mirarme...

Sabes,

que tu suspiro amante,

más liviano que el aire,

tiene poder para elevarme.

De mi mano vas...

tras el aroma de los azahares

que coronan a las novias en septiembre;

lo sé, te he espiado espiándoles...

Y reverbera tu risa

en la cálida tarde de arrozales,

y mientes indiferencia...

al tocarme...

Es que... sabes:

tu carne,

insustancial caricia de planeta,

me hace vulnerable.

Baila conmigo

bajo la llovizna de arrozales.

Ríe ...

Que reverbere tu risa

entre los azahares que te coronan...

Ve el sol exhumado y centelleante.

Como a un ramo de fresias...

conjunción de planetas.

 

Marcelo D. Ferrer

La Plata, Buenos Aires, Argentina.

 

 

 

 

POEMAS


ARPEGIOS EN SINFONÍA


Auroras vespertinas
Que preludian osadías…
Brisas celestinas
Componiendo melodías.

El sol cultiva caricias
Viste la tarde fantasías.
Arpegios en sinfonía,
De dos almas en armonía.

Sostiene el diapasón
La epidermis unida,
Mécese con la sinfonía
Tu cintura y la mía.

 

MI RISA

Cayéronse como páginas amarillas
los florecidos días
para mis intentos.
Giros bruscos da la vida,
que de tan bruscos,
es de la inercia esta lástima autóctona
que se llevó el alma de las cosas.

Se ha marchado el tañir de mi risa.
Esta mueca híbrida con atisbos de simpatía
es el eco de lo que fue mi sonrisa.
Mis huesos no han sido capaces de seguirla,
han quedado a la orilla de las alegrías,
como residuos de toda aquella chispa.

Quiero rescatar de ese vacío inerte,
de un olvido piadoso,
al lienzo aquel donde pinté
como un sol vigoroso
la rebelión enloquecida
de mis esbozos cuando la vida era risa.

Quiero sepultar esta resignación
de esperar manso el final de este día
extraviado en signos remotos
ausentes de fantasías.

Quiero mi risa tonta
la de los días sin penas...
con glorias!
Quiero reírme
de mis injurias barrocas,
esas que emergían solas
al quebrárseme la boca
con soberbia idiota.

Quiero suplir esta
desgarbada gota
que es de mis ojos
ahora que añoran,
de mi risa,
su extravagancia sonora.

 


DILE

Relámpago amordazado:
purificas con fuego desde tu ennubecida entraña
parafraseando en lo alto como una voz que clama.

Empírica marioneta de energía increada,
iluminas con un haz las fases de tu cara
que busca un cause en esta tierra magra.

Solsticio invernal
que desgrana sus gemas
cual verdad enmascarada.

Candor de flama
que fuerza al alma a huir del desierto,
con la esperanza de hallar aquí un huerto.

Suelta el trueno
y toda esa luz al espacio abierto.
Desamarra el freno
que te tiene preso en el cielo...
cuando agonice la noche, no serás secreto.

Dile que la amas!
Dile que es ella la dueña de cada gema
que desde tus ojos resbalan.
Que es ella la energía increada
que pone luz incandescente a tu mirada.
Dile que relampagueas en sueños
hacia el huerto donde florecen los deseos.

En esta noche larga de tormentas inventadas
apacigua el alma;
si ella te ama, como tu la amas,
serás testigo al alba
cuando las estrellas digan hasta mañana.

 


SINO LUNAR

Dibuja la luna su cara
en la superficie del agua,
o deambula solitaria...
por valles
o nevadas montañas.

Su sino la persigue:
ser única
en las noches estrelladas
y etérea
al despuntar
la madrugada.

Luna sonámbula,
tenue luz del alba,
por unos días... descansa.
Te veré nueva
como espectro del alma.

 

ELLA... CUANDO ERA MÍA

Ella sonreía...
y al filo de la noche era orquídea.
¡Sostenme mientras bailo! -me decía-
y mis manos empecinadas en desvestirla.

Ella gemía...
y un aroma a lirios todo lo invadía.
¡Fusiónate a mi centro! -me decía-
y espasmódicos placeres la retorcían.

Ella dormía...
y las alondras le silbaban nanas vespertinas.
¡Te quiero más que a mi vida! -le decía-
y ella, en sueños, lo repetía.

Ella lucía...
del arco de mi brazo... asida.
¡Hay armonía en nuestros pasos! -me decía-
y una radiante ternura nos envolvía.

Ella... cuando era mía
plasma que mi alma suspendía.
--¿Eres feliz? -me decía-
y de tan feliz que era, casi fallecía.

 


CARICIAS

¿Te han acariciado sin rozarte la piel?

Irradia el ser destellos
¿humanos?
Inmanejables, irrazonables
Suspiros enérgicos del material...
¿del que está hecha la vida?

¿Qué insubordina a tanta magia dormida?
¿Borrascas de otras vidas?
¿La adormecida sabiduría del alma
que irrumpe la monotonía?

Inanunciado anónimo segundo
que une el origen y el fin y el todo
desbordando destellos
que decapitan las astas agudas
del portal de la piel.

Brilla la mirada
se tensa la palma morando su entraña
no roza sustancia.
Acelera el ritmo el pecho
se detiene el tiempo.

Alguien,
lejos,
toca tu cuerpo.

 

ESE CRISTAL

 

Ese día,
la palidez del mundo lo embriagaba todo...
Un cristal separaba opacidad de algarabía.
Dentro, tú, humedecida de mi, sonreías;
fuera, la lluvia humedecía la monotonía.


Fino cristal de pétreo esplendor
sutil encanto nos devolvías.
Dentro, mi dedo contorneando tus pechos;
fuera, contorneaba el viento para las hojas un lecho.


Ciudad difusa... detenida.
Cristal opaco donde la lluvia dormía.
Encanto que aviva en nosotros
infinito placer de rozarnos con la piel... ese día.

 

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