JOAN KUNZ

Mercado de esclavos con busto invisible de Voltaire”. SALVADOR DALÍ

 

Semblanza de Joan Kunz:

 

Ya no recuerdo mi edad y he olvidado la cara de mi madre. A mi padre nunca lo conocí. Sólo recuerdo la desolación del astillero donde nací, al final de una historia de perdedores. Mi madre me habló del viejo Petrus, ¡pobre diablo!, y de Gálvez, y del vividor Larsen, y de la idiota Angélica Inés… Menudo retablo.

 

También me habló del hombre tranquilo que escribió sus vidas, calmoso y grave, paladeando güisqui tumbado sobre el catre. ¡Ja! Ese Dios que me trajo y no supo que hacer conmigo. Me dejó tirado, allí, en la negra noche. En fin, tampoco voy a reprochárselo: no hay ningún Dios infalible. No me ha ido mal del todo.

 

Al tipo que escribe lo encontré en una lectura. Un buen tipo, algo pelmazo, pero no es mala gente. Le caí bien y me adoptó, Bueno, la cosa no fue tan simple. Me costó un tiempo convencerlo. Pero cayó. Así que ahora yo le dicto y él escribe. Y ya me está bien así: que él de la cara. Nos dedicamos básicamente a la poesía, aunque también frecuentamos el cuento y el relato, además de la fotografía y la pintura.

 

Entre nosotros y para que lo conozcáis un poco más, os diré que lo nacieron hace 45 años en Barcelona (España), fue un mal estudiante, a pesar de lo cual es analista de sistemas. Eso no está mal, antes fue mozo de almacén, pintor, jardinero, parado, dibujante y profesor. Hasta que me conoció, archivaba en la papelera todo lo que escribía. Desde entonces, lo guardamos. Colaboramos en revistas digitales, hemos participado en antologías editadas en España y EEUU, y damos recitales allí donde nos lo solicitan. Publicamos nuestro primer libro en solitario en 2007, “Testigo de cargo” en editorial El Taller del Poeta.

 

POEMAS

 

Glosario del ignorante

(Las palabras las trae el viento)

 

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Fuiste el lobo que lanza a la manada

contra el temblor de la sangre indefensa.

 

Siempre supiste contener el ansia,

aguardar al despiece para cobrar la piel,

burlar la tradición y la jerarquía

para ser el solitario que diezmó los rebaños.

 

Tu destino cambió aquella mañana

cuando un cepo hizo un muñón de tu fama

y te alejaste arrastrando el orgullo

de tu sangre feroz aullando venganza.

 

Ahora eres uno más ocultando los dientes

en esta gran pecera repleta de pirañas,

pero no te va mal, ya sabías la regla:

en este mundo nada se parece a lo que es.

 

AMBICIÓN

 

 

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Todo está escrito

en el orden que dicta

la mano del viento

cuando pasa las hojas

del libro de arena.

 

 

AZAR

 

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El infructuoso esfuerzo del edredón

—recia defensa de livianas plumas—

por abarcar con su mullido abrazo

los límites del cuerpo de ese niño dormido

guardando su infantil desasosiego,

mientras que su pie izquierdo se empecina

en salir de la cueva de los sueños

para tantear el aire de la otra realidad.

 

DEFINICIÓN

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Atrás quedó la edad de la inocencia,

esclavo del dictado de la sangre,

cautivo del instinto, siervo del hambre,

dócil criatura atada a la paciencia.

 

Encontraste una llave en el silencio

que te abrió la conciencia de ser hombre.

 

¿Quién dijo que también abría el horizonte?

 

Y así perdiste la paciencia

vagando tras la cerradura esquiva

de un umbral donde nunca hubo puerta,

para acabar proyectando horizontes

de palabras lanzadas con ansia al viento

ensayando futuros asequibles

a la delgada línea de tu esperanza.

 

Una vez más —tenaz criatura impaciente—

cuando tú llegues no estará allí

el espejismo que nombró tu conciencia.

 

También ese horizonte te habrá burlado.

 

 

DESEO

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Si lo olvidaste, tal vez fuera

una molestia, una indisposición,

un zumbido de abejas merodeando

en las flores ocultas en tu sombra.

 

No, eso no fue dolor exactamente.

 

Ese dolor que duele y permanece

como huella indeleble, mordedura

de feroces encías desdentadas.

 

 

DOLOR

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Ya hace tiempo

que la ley te liberó de la servidumbre,

la única aceptable, la que dicta

que es la edad un parámetro razonable.

 

Y desde entonces

se te ha visto por todas partes

llevar la mansedumbre en la mirada,

la dignidad metida en los bolsillos,

disimulando en una mano el látigo

y en la otra las llaves de la celda

que regalas a quien quiera maltratarte.

 

No pierdes la ocasión de enseñar sin reparos

la blancura de tus dientes perfectos,

tu cuerpo resistente y aún elástico,

las cicatrices en la piel del pasado

que cuidas con esmero, ofreciéndote

a la dominación de quien quiera ser tu amo.

 

ESCLAVO

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Enmarcado en el espejo

bastaría un rótulo “SE BUSCA”

a la altura del pecho

para que echases a correr.

 

Si tu reflejo te pregunta

por su paradero,

siempre bajas la mirada.

 

Hace mucho tiempo

que sabes dónde está escondido...

 

Desde que te encontraste a solas

con su rostro pendenciero,

desde que te encañonó entre las cejas

y te obligó a seguir llevando su máscara.

 

FUGITIVO

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Ya no recuerdo desde cuando adopté

esta risa nerviosa que me domina

cuando siento el olor de los despojos.

 

Acaso cuando supe que jamás

usurparía el reino del león,

o quizá cuando me desengañé

de tener la solera del linaje del lobo.

 

Aunque dicen las malas lenguas

que todo es apariencia y disimulo

de ese tufo que arrastro a todas partes

con el vientre encogido y prietas las nalgas.

 

Sea como fuere, qué risa más triste

la del depredador desconcertado

que halla ganancia en la desgracia ajena

y hunde sus fauces en la mala suerte

bendiciendo con sangre su buena estrella.

 

Pero aún así, qué bien me sienta la risa.

 

Es cuestión de tener pocos escrúpulos

—y buenas tragaderas—

para quien de sus taras hizo virtudes:

 

para mí,

el más feliz entre los carroñeros.

 

HIENA

 

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