obtiene el título de ingeniero industrial en 1972.
Ocupa puestos de responsabilidad en grandes empresas hasta que, por
motivos familiares, se retira para volver a su ciudad natal. Es entonces
cuando siente la necesidad de escribir sobre diversos temas y utilizando
técnicas variadas, narrativa, cuentos, poemas, haikus y tankas, etc.
Su experiencia es muy breve, apenas dos años.
-SUS POEMAS-
NANA DE LA LUNA
(Para Beatriz)
Riela la luna,
rayos de oro,
meciendo la cuna
de mi tesoro.
Duermete cielo,
cierra los ojos
que yo desvelo
tras los cerrojos
A la nana, nanita
nanita, nana
te mira la lunita
tras la ventana.
Sueño de estrellas,
navega lejos
que iré tras las huellas
de tus reflejos
Y si despiertas
sigue volando
que abro la puerta
de vez en cuando.
A la nana, nanita
nanita, nana
te mira la lunita
tras la ventana.
Fernando Manzanares
19 de noviembre de 2008.
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El camino
El amor es un camino
sin mapa de carreteras,
ni brújulas ni sextantes,
señalado por estrellas.
Es un recorrer sin prisas
entre la zarza y las piedras,
convirtiendo los diluvios
en manantial de agua fresca.
Es que sea verde valle
la larga y árida estepa
¡cuan larga la dura ruta
si no estuviésemos cerca!
Es un calentar los huesos
a la luz de la candela,
purificando dolores
en un fuego que no quema.
En un tomar de las manos
para saltar las riberas
y que en tan breve contacto
cuerpo y alma se den cuenta.
Es disfrutar de un segundo
transformado en hora entera
y que, transcurriendo el tiempo,
el tiempo es lo que no cuenta.
Son los ojos que se cruzan
y en un instante se sepan
todo lo ya caminado
y un “vendrá bien lo que venga”.
Es un hablar sin palabras,
un silencio que no yerra,
un reproche que se traga
y un ser de dos que se acepta.
Es un andar por la ruta
pretendiendo ser poeta
para reflejar en versos
este camino sin vuelta.
Es no importar dónde vamos,
que lo importante es la senda
si se juntan los caminos,
siendo el camino la meta.
9 de noviembre de 2008
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Pensarte a ti…
Pensarte a ti
es de repente salir corriendo,
descorrer los cerrojos,
abrir la puerta,
bajar las escaleras,
irme directo a esa botella,
descorcharla y oler
para descubrir ¡al fin!
la nota de vainilla
sobre el lecho aterciopelado
de mullidos taninos.
7-11-2008
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NO IMPORTA
Eres como el universo.
No importa cuando apareciste
ni como te formaste
por la deflagración
de miles de galaxias.
Ni importa que existan
otros millones de soles
y de lunas y estrellas,
porque simplemente estás.
No importa que en otro tiempo
hayas provocado cataclismos,
mareas y desolaciones
y sequías e inundaciones.
Ni se bien como he llegado
hasta aquí, resistiendo
tus embates furiosos,
porque simplemente estás.
No importa que nunca
me hayas hablado
ni aspiro a que me hables jamás,
no es la palabra
lo que necesito de ti.
Porque eres luna
para mis noches
y sol para mis días,
templanza para mis fríos
y rosas para mi jardín,
eres color y calor,
eres primavera y otoño,
eres vida y muerte…
No importa nada
porque me basta sentir que estás.
16-10-2008
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Tú
Eres el amor de cuentos de hadas,
con joyas y ropaje de opulencia,
hermosura que duele con la ausencia
al sonar las doce campanadas.
Volcán oculto por el frío hielo
del invierno infinito de tu estepa,
quisiera ver carnosa y dulce cepa
bajo el sol que caliente al fin tu miedo.
Te sueño en esta insomne madrugada,
enjaretando versos cuando espero
que se inunde de luna mi almohada.
Si en tu silencio escuchas que me muero,
abre tu primavera enamorada
porque te espero amor, porque te espero.
28 de septiembre de 2008
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Otoño
Veo gotas de lluvia
que no regarán primaveras
ni formarán ríos
de fértiles riberas,
ni apagarán la sed.
Cae la última hoja, lentamente,
esa tan verde que refrescó mi verano
está ahora parda, ajada y vencida,
ya nunca volverá a ser joven brote
ni oirá el canto del gorrión.
Las rosas recogen sus pétalos
del jardín descolorido.
Quizás, quién sabe, vuelvan a pintarse
de rojo los labios
si es que hay enamorados.
El tiempo, inexorable,
trae hasta mí nuevos otoños,
en los que no me reconozco.
Mientras espero, sueño
que el frío sol del invierno,
acaso, entibie mi piel desnuda.
Gotas que son lágrimas
hojas que son páginas,
vientos que son suspiros,
tallos que son recuerdos,
ese es mi otoño.
28 de septiembre de 2008
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Quiero este amor inconsciente...
Quiero este amor inconsciente, conscientemente
quiero sentir sin amuletos esta magia de hechizos
quiero llenar de tí mi cuerpo y también mi mente
quiero tenerte toda para siempre, sin previo aviso.
Quiero morir de amor salvajemente
quiero tus abrazos, incluso huidizos
quiero vivir tus besos suavemente
quiero tus propósitos, olvidadizos…
Quiero escuchar tu verbo eternamente
quiero que temas el temor del hechizo
quiero que te dejes dulcemente
quiero bordear tus flancos fronterizos
Quiero tus barreras firmemente
quiero soñar tus sueños resbaladizos
quiero abrigar tu frío cálidamente
quiero ser para siempre tu eterno abrigo.
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Así te siento yo
Grítame en silencio, amor,
que te sientes la más feliz de las mortales
y te vives regalada
de ternura y sentimientos.
Porque así te grito yo.
Llórame en silencio, amor,
las ausencias de tu cuerpo,
no las de tu alma,
que donde estás yo estoy,
Porque así te lloro yo.
Ríeme en silencio, amor,
con el brillo que deslumbra
en tus ojos de cada mañana,
si al buscarte en el nuevo día
nos encuentras en la luz.
Porque así te río yo.
Compárteme en silencio, amor,
duélete y me doleré,
háblame y te escucharé,
convócame y acudiré,
ámame y te amaré.
Porque así te comparto yo.
Grita, llora, ríe y comparte…
¿Es que acaso no es eso amor
más allá de la ausencia,
del silencio,
y la distancia?
Porque así te siento yo.
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Si me ves…
Si alguna vez me ves
maldiciente y distante,
hurgando en heridas que hacen sangrar
y mis palabras te suenan como truenos
en la noche plácida y oscura,
que te desvelan de hermosos sueños…
No pienses que yo soy así,
es que simplemente no te tengo cerca
ni te alcanzo con las ganas extendidas de mis brazos,
ni siquiera mis ojos adivinan la hermosura
de tus manos acariciando mis recuerdos.
Es que la rabia de tu ausencia me transforma
en un ser distinto, ignorado de sí mismo,
que regala su dolor a quien más ama.
Porque en realidad yo soy
como me conociste,
el más dulce de los amantes,
llevo aún en mi espalda las toneladas de caricias
y de besos de piel suave
que no he llegado a darte.
Aún guardo los versos esperando
que se ahoguen en los ríos de tus ojos
Más como el lecho del río sin agua
es pedregoso y árido,
todo mi ser se vuelve ocre
si tu palabra está ausente
o se pierde en el espacio
del vacío que nos separa.
********
Entre rejas
Juan la descubrió por la sorpresa que le producían el silencio y la expectación en la celda cuando, cada cierto tiempo, los reclusos se pasaban de mano en mano un papel arrugado que leían con avidez.
- ¡Otro cuento de la Puri!- Se corría la voz y todos se acercaban a escuchar. A veces se leía en voz alta y otras cada uno reclamaba su turno y se retiraba a leer en privado. Finalmente, alguien lo guardaba pero Juan fue haciendo poco a poco su colección con los que iba recogiendo tras la lectura colectiva.
Los textos eran muy diversos. Por lo general eran poemas que cantaban a la libertad y al amor, pero Puri escribía textos de todas clases. Los cuentos y narraciones sobre su infancia, sus vivencias, su casa y su pueblo eran tan sugerentes que producían entre los reclusos un efecto de añoranza y ternura que los sumía durante un tiempo en la melancolía, miraban por la ventana con los ojos perdidos y no atendían a la llamada al juego de cartas en las horas siguientes. Por su parte, los poemas eran bellísimos, expresaban rabia, rebeldía, amor romántico, trotes de amor...los reclusos los devoraban y revisaban el calendario para comprobar cuando tenían la siguiente visita vis a vis.
El penal de Santo Tomás tenía módulos de hombres y mujeres, separados completamente entre sí y con vidas y horarios diferentes, si bien el patio era común con una reja que lo dividía en dos partes pero que les permitía verse. La hora de ejercicio al aire libre solía coincidir en ambos sexos por decisión del Director, dado el efecto estimulante que producía en ambas poblaciones reclusas. De modo que no era infrecuente encontrar parejas charlando a través de las rejas durante la hora que duraba diariamente la salida al patio.
Tras leer los primeros textos y embriagado por su contenido, Juan decidió conocer a Puri. No fue difícil, bastó con situarse las horas suficientes ante la reja del patio y preguntar varias veces. Cuando al fin la vio quedó fascinado, nunca supo si era por el efecto de su escritura o era su físico, lo cierto es que él se enamoró perdidamente desde el primer minuto de ella. Puri era una mujer de facciones muy definidas, la boca de grandes labios, ojos negros de mirada profunda y turbadora y el pelo oscuro recogido en una cola atrás; de aspecto serio, no hablaba mucho, su semblante inspiraba respeto.
Verla no era lo mismo que conseguir que se acercara a la reja. Al principio gritaba su nombre en voz muy alta, pero ella parecía no oir, muchos otros la llamaban y ella nunca se daba por aludida. Casi siempre estaba escribiendo en un rincón, a veces, las menos, leía o hablaba con otras reclusas. La única forma que se le ocurrió a Juan de llegar hasta ella fue la de enviarle una carta. La escribió con mucho cuidado, él nunca fue escritor, su profesión era electricista, pero estaba embargado de la prosa de Puri y se contagió con facilidad. Le escribió sobre sus anhelos y sus sueños, los lugares que visitaría al salir, alguna vivencia....hicieron falta algunas cartas para que un día Puri mirara de reojo a Juan asido a la reja. Lo curioso era que Juan escribía ya con cierta facilidad, se metió en su fantasía y volaba por encima de los muros de la cárcel. Llegó a escribir al menos cien cartas, hasta que un día...
- Así que tú eres Juan. ¿Porque estás aquí?- Ella se acercó apenas a la reja sin tocarla.
- Me cargué a mi mujer y su amante de cien puñaladas. Estaban enganchados en mi misma cama. Tengo aún veinte años por delante para leerte. ¿Y tú?
- Tráfico de caballo. Me pillaron casi medio kilo debajo de la enagua porque mi hombre me dejó tirada. Tengo todavía algunos años para escribir aquí. Me gusta lo que escribes.
- Tu a mi me gustas mucho, Puri, escribes cosas maravillosas, pero al verte me gustan todavía más.
- No me llames Puri, los amigos me llaman Nereida, nombre de tempestades y huracanes.
Poco a poco Puri, Nereida, se fue acercando más y más a la reja. Juan se mantuvo siempre pegado a ella, asido fuertemente a los barrotes. El diálogo entre ambos se fue haciendo cada vez más rico, ella le pasaba textos nuevos y él, insólitamente, le seguía dando en la mano cartas que escribía durante la noche en su celda. Al principio su dialogo era sobre los textos, pero lentamente se fue haciendo cada vez más personal. A los dos meses sólo hablaban de ellos, de sus vidas, de sus anhelos, ya no había rejas ni reclusos más que ellos dos.
Una mañana soleada, Juan, se atrevió a decir:
- Nereida, yo te amo. Te amo y te deseo profundamente y haré lo posible porque estemos juntos, si tu lo quieres. Escribiremos juntos cuentos hermosos y nuestro amor será fuente de inspiración para los demás.
- Estás loco Juan, no se puede amar aquí. Confórmate con verme y hablar conmigo en el patio, no todos pueden, eres un afortunado.
- No puedo conformarme amor mío, saltaré las rejas, me fugaré, haré lo que sea por estar contigo...eres mi vida, ya no podré estar separado de ti.
Pasaban cada día más tiempo pegados a las rejas. Ambos solicitaron el servicio voluntario de limpieza del patio para estar más tiempo juntos y hablaban horas y horas con las manos asidas a las rejas...acercándose un poco más cada día.
El día que los ojos negros de Nereida se humedecieron ante él, Juan supo que su amor era correspondido. Se crearon entre sí un mundo infinitamente bello de amor, fantasía, poesía y deseo contenido que los mantenía en vilo, dejaron de comer y de dormir, no había horas en la prisión, ya no había siquiera barrotes, era mejor que la libertad, era su amor y sólo eso.
Se escribían durante la noche, no delante el uno del otro, sino cuando se retiraban, porque el tiempo en común era para hablarse, mirarse...y besarse. Un día, Juan apretó mucho su cara contra las rejas y consiguió rozar levemente los labios de Nereida. Fue tremendo...y terrible, la impotencia de ambos fue para llorar. Otro día, Puri tomó su mano, que apenas cabía entre los barrotes, y la puso en su pecho, los dedos de Juan solo lo rozaron.
La solicitud de una vis a vis fue denegada porque no había parentesco ni lazos sentimentales reconocidos, eran las normas del penal. La rabia de Juan crecía con el reconocimiento de su impotencia para resolver la situación. Amaba a Puri con verdadera locura y era correspondido por ella, su ansia era inmensa y su deseo, infinito.
Siguieron así semanas, meses. El entusiasmo no descendía, pero un sentimiento de impotencia iba creciendo dentro de ellos, no tanto de Puri, pero Juan se moría cada día un poco. Los textos pasaron a segundo plano, antes estaban ellos, sus ansias y sus pasiones. Ella intentaba poner sensatez, se conformaba, escribía sus sueños con la libertad en común que ambos, algún día lejano, alcanzarían. Él no podía.
Un día, en su rabia, Juan intentó saltar la reja del patio para tomar a Nereida entre sus brazos. Fue impedido por los guardias antes de poder hacerlo, azotado y encerrado 48 horas en una celda de aislamiento. Ahí se secaron sus lágrimas. Cuando Puri lo vio a los dos días, su cara había cambiado, su tristeza era infinita, apenas hablaba y pronunciaba monosílabos y palabras inconexas. Hacía 4 meses que su amor había sido concebido. Juan escribió una última carta a su amada:
“Mi querida Nereida: Llevo encerrado mucho tiempo, pero nunca sentí tanto la falta de libertad como desde que he recibido y saboreado tu amor. Me sentía dispuesto a pasar los próximos 20 años aquí encerrado entre estas rejas, haciéndome un hueco en la vida, la que nos toca vivir a cada uno...pero ya no me es posible. Te he conocido y mi amor es tan grande que mi vida ha dejado de tener sentido sin tu compañía, sin tus besos robados a través de las rejas de nuestro patio...nuestro nido de amor. Ahora entiendo que nací para tenerte y toda mi vida ha sido el camino hacia ti, pero, paradojas del destino, cuando te encuentro no puedo tenerte, gozarte. Ya todo carece de sentido, la vida en prisión me será imposible e incluso la libertad tan lejana se me hace insípida. Doy gracias a Dios por haberte encontrado, porque tu presencia ha dado sentido a mi vida, aun en estas circunstancias. Te pido que sigas escribiendo, haciendo felices a las pobres almas encerradas que sueñan con tus textos. A mí me tendrás en tus sueños. El mejor beso de mi vida es para ti. Juan”
Al día siguiente, Juan amaneció colgado de la barra de la ducha de la galería de internos de larga duración. Su cara tenía una dulce sonrisa y en su mano tenía una carta.
Fernando Manzanares
Revisado el 8 de octubre de 2008
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SE ME ESCAPAN
Se me escapan los Te Quiero,
ascienden por la garganta
desde el fondo de mi pecho.
Escondidos en suspiros
se exhalan con cada aliento,
eludiendo las cancelas
y los pestillos por dentro.
¿Por qué se quieren salir?
¿Cómo puedo detenerlos?
¿Quién los quiere para sí?
¿Acaso no soy su dueño?
Mas la sangre de mis labios
por los dientes al morderlos
se vuelve fiel compañera
desarmando al carcelero.
Como palomas altivas
van con destino certero,
contra los vientos del sur
navegan hacia tu puerto.
Cuando los veas llegar,
estés despierta o en tu sueño,
no los guardes vida mía,
envíamelos de nuevo,
que bajo letras tan dulces
hay un potente veneno.
Yo veré de aprisionarlos
bajo cien llaves de acero,
que sólo se los daré
a quien, bajo juramento,
me los pida para ti
y se merezca tus besos.
********
SE NOS DESANGRA
Se nos desangra el amor, gota a gota,
encerrado entre los filos del miedo.
¿Porqué contener, porqué ese hablar quedo
si de ansias de gritar mi alma explota?
Aun recuerdo tu mar y tu gaviota
y sueño con mi brindis en el ruedo.
A un tiempo de esperanzas retrocedo,
¡Se reía la sangre que ahora brota!
Mientras la noche llora nuestra ausencia,
se enmudece la mano creadora
y el dulce verso, herido, se silencia.
¡Ay mi dolor, ¿que toca hacer ahora
si al pedir de tus besos la asistencia
aún afilo la navaja agresora?
***********
RECORDARÉ
Recordaré cada uno de tus besos,
en su misma esencia, diferentes,
tus labios rojos, ávidos y ardientes
buscando mi piel, sabor espeso.
Y recordaré la luz de esa mirada,
ojos sabios, presencia del divino,
que gozaron mostrándome el camino
al rincón más sutil de tu morada.
Boca y ojos ocuparán mis sueños
y mis manos buscarán en mi cuerpo,
para encontrar el vacío de tu empeño.
Se alejará tu huella en el desierto
y tus labios verán al fin su dueño,
más entonces, mi amor, yo ya habré muerto.
*************
Paseo a solas I (seudo-tankas)
Afortunada,
la paloma del parque
volverá a verte,
lo adiviné en sus ojos
y ella me vio llorar.
Parque tallado
por la mano del hombre,
¡que bella estampa!
Nunca vi a los cipreses
jugar a enamorados.
En la cascada
no hay sonidos del agua
hace ya tiempo.
Un niño lo contaba:
volverán con un beso.
*********
Paseo a solas II (seudo tankas)
Quizás el viento
sople ahora diferente,
aquella vez
las olas se acercaban
rindiéndose a mis piés.
Largo el camino
al andar los lugares
sin tu presencia.
No había dimensión
cuando me acompañabas.
Ahora lo sé,
el hermoso rincón
era una luna
que robaba tu luz,
porque es piedra sin ti.
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CUENTO
BAGDAD
(Memorias de un médico)
(Texto ganador del Reto 11 Prosa )
Estoy acostumbrado a la muerte, la conozco bien y la reto a diario. Sé lo frágil que es la vida cuando, tozuda, en un suspiro se escapa de entre mis manos sin poder evitarlo. Me impresiona aún el tránsito, ese instante fugaz que separa el pálpito de la nada. Desconozco lo que hay más allá, pero he visto ante mí la carne muerta, yerma e inútil y me he llegado a convencer de que no podrá haber resurrección. No soy un hombre religioso y si lucho por mantener vivos a mis hermanos es por mi devoción al oficio para el que nací. No puedo describir la satisfacción que siento cuando devuelvo el latido a un corazón. Ese es mi destino y me acompañará hasta mi propia muerte.
Estuve ejerciendo en el hospital del barrio norte de Bagdad, donde nací, hasta el año 2006 en que abandoné para irme a trabajar en Amman para una compañía médica holandesa. Los últimos tres años luché contra la muerte de forma desigual, ella me vencía fácilmente, sonriente al ser invitada por los hombres, mis hermanos. Allí viví la impotencia ante tanta sangre inútil y gratuita, como si se hubiese olvidado que hemos nacido para mantenernos vivos y esperanzados, cuidando de nuestros padres y de nuestros hijos. Como si de repente la lucha por la vida se hubiese sustituido por una lucha por la muerte.
Cada mañana llegaba una camioneta cargada de cuerpos mutilados, vivos y muertos, todos juntando sus sangres. Me duele aún en los oídos el pálido silencio de los pasillos del hospital cuando sonaba el claxon creciente y continuo por la Avenida de los Mártires y se detenía en la puerta principal. Los miembros desgarrados y desordenados de hombres, mujeres y niños llegaban en sucesivos envíos macabros y se abandonaban a la espera de sus dueños… no había nada que hacer, excepto llorar de desesperación. La noble lucha por la vida dejó de tener sentido para mí.
Maldije una y mil veces a los hombres que alentaban en nombre de Dios tanta destrucción, tanta negación del ser humano. Maldije a los hombres imbéciles e ignorantes que mataban y morían en un empeño adverso a nuestra propia esencia. Maldije…
No me fui huyendo de la sangre, sino de la derrota del hombre. Ahora vuelvo a luchar contra la muerte de igual a igual, pero hay días en que ya no creo en mi trabajo.
Dedicado a todos aquéllos que apuestan por la vida.